Más Allá De Lo Soñado

Recuerdo la primera vez que corrí diez kilómetros en una carrera. Me sentía entusiasmada por entrenar todos los días, cuidar de mi alimentación y descansar lo suficiente para que ese día mi cuerpo y mente estuvieran en el estado ideal para dar mi mejor desempeño; y así, llegar a la meta.

Cuando estás en medio de una carrera sientes molestias e incomodidad porque le estás exigiendo a tu cuerpo, pero entiendes que esa incomodidad es temporal y no se compara con la sensación de éxito que vas a sentir al llegar a la meta.

No puedo evitar pensar cómo sería nuestra vida en Dios si cada día cuidáramos nuestra relación con Él con la misma disciplina y detalle. Si compararamos la vida con una carrera y pensaramos que estamos corriendo en contra del reloj y si pudiéramos entender que cada día estamos más cerca de llegar a nuestra meta y que el tiempo es nuestro recurso más limitado, correríamos para profundizar nuestra relación con Dios, pero más allá de eso, para compartir de Dios a quienes nos rodean.
Entenderíamos entonces, que las pruebas y la incomodidad que podemos sentir a lo largo de nuestra vida humana son temporales y que estas no se comparan a la vida eterna que Dios tiene preparada para nosotros.

“Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre.” 1 Corintios 9:25 NVI

Probablemente, a lo largo de la vida nos encontremos en momentos en los cuales creamos que es más fácil renunciar, pero son esos momentos en los que más debemos correr hacia Dios para poder llegar de Su mano hasta el final.

A lo largo de mi vida con Dios he podido entender que la constancia es más importante que la emoción. He experimentado momentos buenos, en los cuales parece que estuviera corriendo cuesta abajo, pero también he vivido momentos difíciles, en los cuales  me cuesta poner un pie frente al otro para poder continuar.

Independientemente de cual sea el momento que estas atravesando, estas aquí para llegar hasta el final de la mano de Dios. Incluso en el momento más duro debes tener en mente que el dolor es temporal, no va a durar para siempre y no se compara con lo que Dios tiene preparado para ti. ¿Estás listo para correr cada día hacia Su amor?

Author

Andrea Ochoa

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