Positivos A Cristo

En la Biblia encontramos varias ocasiones en las cuales Dios le pidió a sus escogidos: “sube a la montaña”, “sube al monte”.

A Abraham:
“Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” (Génesis 22:2 RVR1960)

A Moisés:
“Después Dios le dijo a Moisés: «Sube a la montaña y espérame allí, porque voy a darte las tablas de piedra en las que he escrito las leyes y mandamientos para instruir al pueblo de Israel»…Después de esto, Moisés subió a la montaña del Sinaí. Allí, en la parte más alta, Dios se manifestó en todo su poder. A la vista de todos los israelitas, la gloria de Dios era como un fuego que todo lo consumía. Durante seis días la montaña quedó cubierta por una nube, y desde esa nube Dios llamó a Moisés al séptimo día. Moisés entró en la nube, y permaneció en la montaña cuarenta días y cuarenta noches.”  (Éxodo 24:12,15-18 TLA)

Cuando Dios da esta instrucción a sus escogidos es porque Él tiene un propósito que debe pasar a través del proceso de la montaña, y al llegar va a recibir algo especial de parte de Él. 

Lo hemos leído una y otra vez, pero detengámonos a aprender sobre la montaña.  Subir una montaña no es nada fácil, se requiere una preparación física y mental para poder caminar, subir y llegar a la cima, es un desafío muy difícil de alcanzar.

En el caso de Moisés, recordando que era un hombre de avanzada edad, para él subir a la montaña significaba un reto y una prueba de fe, no solo espiritual o mental,  sino física. Probablemente en el camino, las fuerzas se le acaban y el cansancio ha de haber venido sobre él.

Pero también su carácter fue doblegado, cada paso que daba fue un proceso de formación hasta llegar a la cima, y seguramente, el Moisés que subió y tuvo un encuentro con Dios cara a cara, no fue el mismo que descendió. Incluso el resplandor de su rostro era distinto porque había estado en la presencia de Dios. 

Dios nuestro Padre representa la montaña como esos procesos que cada uno debemos vivir.  Hay momentos y pruebas en nuestra vida que parecen una montaña gigantesca frente a nosotros, la vemos hacia arriba y parece que no podremos superarlo, pensamos que es difícil enfrentarlo. 

Pero Dios nos dice: “Sube a la montaña y tendrás un encuentro conmigo”.

Y cuando llega ese momento puedes cuestionarte: ¿por qué a mí? ¿por qué una montaña tan grande? ¿será qué podré lograrlo? O también puedes asumir la prueba con fe y empezar a caminar de la mano del que está permitiendo esto para que lo conozcas más, para que lo honres más, para que lo ames más y dependas totalmente de Él.

En el camino probablemente sientas temor, cansancio, desánimo, incertidumbre y sientas ya no poder, pero también verás las fuerzas sobrenaturales de tu Padre, la paz que sobrepasa todo entendimiento y el gozo de ver Su mano a lo largo del camino. Recuerda que este proceso te llevará a conocer al Padre de una forma especial como nunca antes lo has vivido, cuando llegues a la meta todo habrá valido la pena porque verás al Señor y entenderás Sus planes. 

Cuando nuestras fuerzas se acaban, es cuando los brazos de Dios te sostienen.  Cuando lo humano deja de ser posible,  es cuando Dios hace lo imposible. Cuando lo ordinario no puede pasar, es cuando Dios hace que pase lo extraordinario.  Los milagros existen cuando solamente Dios puede hacer que sucedan.

Author

Andrea Yon

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