“Por eso, ahora voy a seducirla: me la llevaré al desierto y le hablaré con ternura… Yo te haré mi esposa para siempre, y te daré como dote el derecho y la justicia, el amor y la compasión.” (Oseas 2:14-19 NVI)
Nuestros corazones serán puestos a prueba en las temporadas de la vida, las relaciones en las que estamos y, aun así, en la relación con el Señor. Los versos de arriba son una linda representación de quién es Dios y cuánto Él desea conquistar nuestros corazones.
Dios estableció un pacto con nosotros; Él nos llama Su novia, Su esposa, Su amor. La biblia nos da una intrincada imagen de cómo Él nos pone como un sello sobre Su corazón porque el amor es más fuerte que la muerte, destellando como un fuego que las aguas no pueden apagar (Cantares 8:6-7).
Esto es absolutamente impresionante. Habla de amor, pasión, aceptación y compromiso. De lo que habla es de intimidad.
Nuestra intimidad con Dios se expresa a través de la adoración. Ya sea en una canción que cantamos o la forma en que vivimos, involucra todo nuestro corazón. La adoración es el proceso que Dios utiliza para darnos consuelo, hacernos sentir seguros e incluso sanarnos. Es la forma en que Dios nos enseña a confiar en Él, permitiéndole pelear nuestras batallas y llevar nuestras cargas.
Pero, ¿qué pasa cuando eliminamos la intimidad de la imagen? ¿Qué sucede cuando el corazón se enfría y la llama de la adoración muere?
Lo que sucede es que necesitamos aprender a amar de nuevo y a adorar una vez más. Necesitamos recibir amor para que a su vez podamos dar amor. Esto puede requerir atravesar un desierto hasta que podamos restaurar la belleza de lo que se perdió, todo porque NOSOTROS nos hemos alejado.
A veces negamos aquello que tiene el poder de sanar nuestros corazones rotos. Rechazamos la intimidad porque tenemos miedo de ser lastimados…incluso sabiendo que Dios nunca fue quien nos lastimó, en primer lugar. Podemos escuchar la voz de Dios, leer Su Palabra, responder a Su llamado y someternos a Su voluntad para nuestras vidas… pero con una desconexión a nivel del corazón.
Es posible tener comunicación, pero no intimidad, la sumisión por un sentido de deber leal pero no como una respuesta amorosa. Podemos saber que alguien está con nosotros, pero también sentimos un completo aislamiento, lo que nos hace sentir pavor de enfrentarnos a otro día “solos”. Nunca me he casado, pero entiendo que la falta de intimidad es lo que mata los matrimonios. Y ahora entiendo que cuando nuestro corazón es probado, NUESTRA respuesta determina si nuestra relación con Dios sufre o se fortalece.
Dios siempre nos busca con un amor perfecto. Él desea una relación, honestidad, intimidad, pero NOSOTROS determinamos hasta qué punto nos abrimos a Él. Él siempre tratará de conquistar nuestros corazones, pero la pregunta es si estamos dispuestos a entregar nuestros miedos y dar el paso para aprender a AMAR… de nuevo.