Dios el Hijo, en su perfecto amor escogió venir a la tierra y pagar por nuestros pecados con pena de muerte de crucifixión. Éramos nosotros los que debíamos pagar en la cruz, Él era inocente. La crucifixión era una de las muertes más dolorosas del imperio romano de aquella época, donde el cuerpo era sometido a torturas crueles con dolor extremo. Fue la injusticia más grande contra el Hijo de Dios, ya que era inocente, éramos tú y yo los que debíamos estar en el Calvario y cumplir esa condena. Pero, Él al venir a la tierra inicia una relación íntima con el ser humano, nos ofrece una nueva vida y estar con Él por la eternidad. Celebrar la Navidad no es pasar horas en celebraciones, eso distrae la atención hacia la adoración a Dios. Está bien comprar, regalar o compartir con amigos, es buena ocasión para hablar de Él y narrar su extraordinaria historia a otros. Se trata de explicar que ofreció su vida por amor, y que en Él no hubo pecado alguno, se ofreció en sacrificio por todos, porque éramos culpables.
En esta Navidad, ¿sabes cuál es el mejor regalo? Jesucristo, las Navidades no serán las mismas al entender que Él nos dio Salvación y la vida eterna, eso es su mejor herencia, todo es gratis, no nos toca pagar nada. Fue su vida con la que pagó por nosotros, la deuda está saldada. Por eso, debemos agradecer y caminar de su mano cada día con confianza y seguridad en Él. El mundo ofrece distractores, fiestas, locuras, pero son momentáneas. Nuestra confianza debe estar con nuestro Dios Creador, Romanos 5:10 (RV 1960) dice “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. Su muerte en la cruz, no fue en vano, hoy la razón de la celebración de la Navidad es Él. Todo se mueve a su alrededor.
Algo fascinante es que se cumplen las profecías del Antiguo Testamento, con certeza, dice en el libro de Miqueas 5:2 (RV 1960) “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá de ti me saldrá el que será el Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.” (Efrata significaba el distrito donde se encontraba Belén) Miqueas predijo con exactitud el lugar del nacimiento de Cristo, cientos de años atrás. Dios cumple sus promesas siempre. Otra cita bíblica profética es Isaías 7:14 (RV 1960): “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Vemos dos profecías cumplidas al pie de la letra. Observamos la veracidad de la Palabra de Dios. Él fue, es y será el mejor regalo a la humanidad.
Seremos salvos solo si confesamos nuestros pecados ante Él. Esto significa rendirnos completamente a Él, creer que su Palabra no miente, es una total dependencia de Él. Adquirimos un estilo de vida diferente a los demás, somos luz en medio de la oscuridad. Entender que el derramar su valiosa sangre por nosotros, es el significado de lo que es la verdadera Navidad. Nosotros no podemos salvarnos a nosotros mismos por ser buenos, no es por hacer obras, es por fe en Él. Su amor es incondicional para nosotros, compartamos de su inmenso amor, ya que el mundo lo necesita. Somos débiles y solos no podemos contra el mundo, unidos como Iglesia pidamos al Espíritu Santo nos dé las fuerzas necesarias para cumplir su Palabra y hacer su voluntad, nuestra vida de hoy en adelante será consagrada para Él. Su muerte es sustitutiva, tomó nuestro lugar, no hay como pagarle el gran sacrificio hecho en la cruz, todo fue por amor a ti y a mí. Compartamos que Él es el verdadero significado de la Navidad.