Transcurría el año 2018, la vida me había cambiado todos los planes que había estructurado. Las cosas parecían ir al revés, no entendía el porqué de la situación que estaba atravesando, me comparaba con otras personas, quienes estaban teniendo muchos logros y me veía como una persona fracasada, porque estaba empezando ese año sin empleo y con una relación amorosa fallida, más otras situaciones como problemas graves de salud de seres queridos y adicional, mi vehículo se arruinó. Todo esto me llevó a un cúmulo de sentimientos negativos y de derrota, pensaba que no podía salir adelante, que había perdido todo aquello en lo que me había esforzado. No entendía que estaba empezando un proceso en el cual Dios cambiaría mi vida totalmente, trataría conmigo, me haría pasar por fuego para moldearme y ser una nueva persona conforme a su propósito en mí, porque soy de Él y vivo para Él. La soledad fue una de mis mayores pruebas, con la que luché y batallé día con día, el enemigo había llegado al fondo de mi corazón y me atacó con sentimientos que anteriormente no había sentido, no le encontraba gusto a nada, estaba prácticamente en una depresión.
Cuando llegué a Líon pude entender de Dios, a través del Pastor. Entendí que todo esto tenía un propósito, la vida no nos cambia solo porque sí, todo tiene una razón de bien para los que amamos a Dios.
“Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo con su plan” (Romanos 8:28 TLA)
Ha sido un proceso largo, donde dudé muchas veces de lo que Dios había hablado a mi vida, donde me decía que ya llegaría el final de estas situaciones, donde por fin entendería que Él me había hecho pasar por todo eso, por un propósito, donde me había hecho ser una persona diferente con un nuevo corazón, con la felicidad que Él daba a mi vida, con la familia que Él me daba (LÍON) y que nada estaba fuera de su poder y de su control.
Tomé la decisión de creer en Él, de llenar mi corazón y mi mente de fe. No te mentiré, seguí dudando, tuve momentos de incertidumbre, momentos donde ya no podía ser una persona positiva, caminaba y caminaba siguiendo la palabra que Él había dado, pero en mi interior dudaba. Rodearme de personas de Dios que Él usaba para llenar mi vida de su Espíritu Santo, fue algo determinante en este proceso, ser intencional para poder llegar a entender por qué vivía lo que estaba viviendo y aprender a ser una persona agradecida por lo que vivía, hizo que mi perspectiva cambiara. Dejé de desear que el proceso se terminara, solamente agradecía porque era una forma en la que Dios me hacía sentir importante para Él.
Con el pasar del tiempo, Dios abrió camino, fue poco a poco cambiando mi situación, fue moldeándome y guiándome conforme a su voluntad (NO A LA MIA), algo que me costó mucho comprender, pero realmente valió la pena. Hoy no veo ese tiempo como perdido, sino como algo importante en mi vida porque fue un antes y un después, fue un parteaguas para comprender que Dios seguía amándome y cuidando de mí en cada momento.
De aquel 2018 a la fecha puedo decir que muchas cosas han cambiado. Ahora puedo ver resultados laborales, económicos, mi vida ha cambiado. Dios ha cumplido cada una de sus promesas y sé que las seguirá cumpliendo, nuevos proyectos han empezado, y Él ha restituido cada una de las áreas donde el enemigo había trabajado. Me ha devuelto más de lo que había perdido, me ha dado un nuevo comienzo y sé que es únicamente el inicio de algo grande.
También, Dios me ha bendecido con una nueva pareja donde he podido confirmar una vez más, que el proceso era algo necesario para poder avanzar y ser una persona conforme a su corazón y su voluntad.