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Este tiempo en donde hemos sido asignados a vivir, nos muestra en la actualidad una cara que evoca temor. Todos los días escuchamos de parte de las personas, los mensajes y las redes sociales una invitación a estar en alerta, precavidos y asustados porque tenemos continuamente un peligro asechando nuestra vida y nuestra integridad.

Las presiones del trabajo, del estudio, económicas y de salud son amenazas que pueden drenar poco a poco nuestra esperanza, porque ciertamente cada vez el mundo exterior demanda más y más.

Todo esto se reduce a la ansiedad, un estado que muchos habíamos normalizado. La ansiedad, presentada desde la psicología, como un estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad.

Yo reconozco que he sido víctima de este estado, y al reconocerlo me ha ayudado a identificar mi necesidad en Cristo, el saber que en Él está mi esperanza y mi seguridad.

Sin embargo, este es un trabajo día a día, de hora a hora y minuto a minuto, reconocer que la ansiedad siempre está al asecho, pero en Jesús encuentro descanso. Él es quien cuida de mí o de lo que puede estarme preocupando.

En 1 Pedro 3:13-15 NVI encontramos esta esperanza: “Y a ustedes ¿quién les va a hacer daño si se esfuerzan por hacer el bien? ¡Dichosos si sufren por causa de la justicia! ≪No teman lo que ellos temen, ni se dejen asustar ≫ Mas bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Esten siempre preparados para responder a todo lo que Él les pida razón de la esperanza que hay en ustedes.”

Cristo esta allí, contigo y listo para defenderte. Así que hónralo con todo tu corazón y sigamos descansando en la esperanza de su protección y cuidado.

Author

Nancy Muñoz

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