Más de alguna vez he sentido ahogarme en un vaso de agua. Más de alguna vez he sentido que mis fuerzas flaquean y me detengo sin deseo de continuar avanzando.
Muchas veces pasamos por momentos que nos frenan en seco y nos hacen cuestionarnos sobre si podemos seguir o no. Como hijo de Dios y como adorador, me he encontrado muchas veces en esa situación.
Pero hoy no quiero hablarte de mis emociones o de una situación difícil en particular. Hoy quiero hablarte de cómo a través de la adoración el Señor cambia tu perspectiva en absolutamente todo momento. Cuando estamos tristes, cuando estamos enojados, cuando estamos afanados, cuando estamos dolidos, cuando estamos felices y cuando estamos preocupados. La adoración nos permite desviar nuestra mirada del problema y ponerla en Dios.
El salmo 42 nos muestra cómo en medio de situaciones difíciles, nuestro espíritu se puede entristecer. Vemos a un hijo de Dios que se siente hundido en sus preocupaciones y en su desánimo, pero hay algo que debemos aprender de este salmo.
El versículo 3 describe en pocas palabras el sufrimiento que este adorador estaba pasando:
“Día y noche solo me alimento de lágrimas, mientras que mis enemigos se burlan continuamente de mí diciendo: «¿Dónde está ese Dios tuyo?»” (Salmo 42:3 NTV)
Y, ¿cuántas veces no nos hemos sentido como se sentía el salmista? Estoy seguro de que han sido muchas. Pero, a pesar de su sufrimiento, a pesar de que se sentía desanimado y triste en su espíritu, el salmista reconoció que, en medio de la adoración, todo aquello que desanimaba su espíritu se disipaba en la presencia de Dios.
En la adoración volvemos a concentrar nuestra mirada en Dios. No en lo grande que puede ser el problema o la preocupación, sino en lo grande que es Dios y que podemos descansar sabiendo que Él tiene todo bajo su control.
El salmista concluye de la siguiente manera:
“¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón?
¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!” (Salmo 42:11 NTV)
Cuando tú pones tu esperanza en Dios y le alabas en medio de tu prueba, tu perspectiva cambia y tu espíritu vuelve a regocijarse en Él. La adoración cambia tu perspectiva, alienta tu espíritu y moviliza los ejércitos de Dios a tu favor.