Hace unos días meditando en su palabra, sentí al Espíritu decir: Este es el tiempo en que estamos entrando al punto de la transición de comenzar el mayor avivamiento, y estamos en una etapa muy particular, estamos en el OMER , Omer o Sefirat Ha’omer es el nombre dado al cómputo de los 49 días o siete semanas entre Pésaj y Shavuot, en otras palabra es el conteo de días posterior a cuando Jesús resucita, y ese tiempo es para preparar nuestro corazón para recibir el tiempo nuevo, el nuevo vino (su promesa) que está por venir, por manifestarse. “Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre: La cual, les dijo, oísteis de mí;” (Hechos 1:4 LBLA). Estamos en un tiempo crucial de ser más intencionales en nuestra búsqueda de su presencia, para ir al aposento alto y esperar a una nueva medida la manifestación de su Espíritu Santo, para ser empoderados y revestidos con nuevas vestiduras de poder y autoridad.
Un tiempo particular
Este tiempo particular donde Él enviará ángeles a moverse y posicionarse en nuestra vida para producir en nosotros el mayor despertar, que sus hijos no han visto o vivido, el mayor despertar de su Espíritu. “Pues la creación aguarda con ansiedad el día en que se manifieste que somos hijos de Dios,” (Romanos 8:19 NBV); como sus hijos el Padre nos convoca para una cita divina, en donde estaremos entrando a una nueva estación de su del cumplimiento, del tiempo Kayros.
Tiempo de Ser Empoderados
Vi cómo el Padre nos revestía con nuevas vestiduras de luz, de poder y de autoridad, es una temporada en donde nos acontecerán circunstancias, en donde conoceremos y sabremos que el Señor nos está llamando y donde se revelará aún más a nuestras vidas. Es un tiempo de la manifestación de su promesa, un tiempo de ungimiento, un tiempo de encuentro, un tiempo donde seremos mudados en otro hombre para ser equipados en nuestra asignación divina.
Tiempos de Manifestación
Es un tiempo de despertar y entrar a lo nuevo que el Padre tiene agendado y preparado para sus hijos. En nuestro calendario el 4 de junio fue el Día de Pentecostés, un tiempo donde tenemos que estar preparados, enfocados para ver lo grande y glorioso que el Padre está a punto de hacer, una temporada para estar unidos, como hermanos para recibir su impartición y revelación.
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntosen un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso quellenó toda la casa donde estaban sentados,” (Hechos 2:1-2 LBLA)