Hace algunos meses atravesaba un período de mi vida en el cual me era muy difícil concebir el sueño, principalmente por pensamientos de preocupación que atravesaban mi mente. Estoy segura que todos nos hemos sentido, más de alguna vez, de la misma forma: preocupados, con falta de sueño y afanados por lo que sucederá en el futuro.
Busqué muchas soluciones para poder dormir tranquilamente, pero nada hacía que tuviera el sueño reparador que mi cuerpo necesitaba. Me desesperaba mucho saber que llegaría la noche y no iba a poder descansar. Estaba muy cansada de sentirme así.
No entendía qué me sucedía. Siempre he sabido que Dios es soberano y que Él podía traer a mi vida esa paz que tanto necesitaba. Sin embargo, no sabía cómo obtener esa paz que Él desea darnos.
“Él se levantó, reprendió al viento y ordenó al mar: —¡Silencio! ¡Cálmate! El viento se calmó y todo quedó completamente tranquilo. —¿Por qué tienen tanto miedo? —dijo a sus discípulos—. ¿Todavía no tienen fe?” (Marcos 4:39-40 NVI)
Dios puede calmar las tormentas, yo lo entendía, pero siendo honesta, en momentos de angustia y desesperación olvidaba tener fe.
Entendí con el tiempo que Dios necesita que tengamos fe en Su poder para que Él pueda obrar en nuestra vida de la forma en que El desea hacerlo. No es suficiente “saberlo” tenemos que creerlo realmente y vivir confiados en que Él puede tranquilizar cualquier tormenta en nuestra vida.
Puede que el dormir no sea un problema para ti, pero estés atravesando otro tipo de tormentas en tu vida. Independientemente de qué sea lo que no te permite vivir confiadamente en Dios, quiero recordarte que Él te puede dar esa paz que sobrepasa todo entendimiento para que puedas descansar en Él y vivir la vida a la que Él te ha llamado.
“Tú guardas en completa paz a quien siempre piensa en ti y pone en ti su confianza.” (Isaías 26:3 RVC)