“¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios! …” (Salmo 46:10 NTV)
¿Cómo manejamos el silencio? ¿Lo tomamos como una señal de que no hemos sido escuchados? ¿O que debemos haber hecho algo malo y ahora estamos siendo castigados? ¿Lo percibimos como manipulación? ¿Qué hacemos cuando nos quedamos con más preguntas que respuestas?
¿Qué hacemos cuando Dios parece estar en silencio?
En lo personal, me preocupa cuando el silencio viene de alguien a quien amo. Mi mente trata de llenar los espacios en blanco mientras espero una respuesta. Diferentes escenarios, explicaciones, miedos y preguntas comienzan a invadir mis pensamientos.
Cuando Dios está en silencio, o nos dice que esperemos, o nos da una sola palabra para permanecer firme durante horas, días, semanas… ¿cómo interpretamos eso?
¿Podemos confiar cuando tenemos que continuar con la rutina mundana de la vida sin ver el cambio por el que estamos orando? ¿Podemos confiar cuando estamos exactamente donde debemos estar y aún no parecemos tener todas las respuestas? ¿Podemos confiar cuando no entendemos el proceso? ¿Podemos confiar cuando el silencio es la única respuesta que llega a nuestro corazón?
La siguiente ilustración puede resultarle divertida. Cuando oro y no obtengo respuesta, pregunto: “Dios, ¿estás en la hora del almuerzo? ¿Podemos hablar una vez que hayas terminado con tu café?”
Creo que Dios tiene sentido del humor, si nos creó a su imagen, entonces de ahí debemos sacarlo. Soy real y le hablo a Él como le hablaría a mi mejor amigo. Necesitamos saber que Dios nos ama y que nuestras preguntas no lo amenazan. Él quiere que le hablemos, que le pidamos con fe y que creamos que Él escucha.
De lo que me he dado cuenta es que el silencio de Dios no es una forma de castigo, ni es una señal de que Él no está escuchando. A veces, Él nos está esperando porque sabemos lo que hay que hacer. Nosotros sabemos si Él ya ha hablado a nuestros corazones a través de esa voz suave y apacible. Mientras esperamos con fe y actuamos en obediencia, Él está en el proceso de desarrollar nuestro carácter y paciencia. Mientras tanto, Él está preparando lo correcto para nosotros, lo que sucederá en el momento adecuado.
Digo todo esto para recordarte que en las temporadas en las que encuentras más silencio que instrucción, Dios te está pidiendo que estés en paz. Si necesitas cambiar algo, Él te lo indicará con claridad porque Él habla a Sus ovejas, y ellas oyen Su voz (Juan 10:27).
Él es nuestro buen Pastor, el que nos conduce y nos guía en el amor. Él escucha atentamente nuestras peticiones y provee en abundancia. Él es un Dios bueno y está obrando en silencio a favor de Sus hijos. Así que descansa en Él y sabe que Él está contigo, incluso en el silencio.