Testigos Del Poder De Dios

A todos, en algún momento, nos gusta mucho cuando nos hablan de fruto, lo primero que pensamos cuando escuchamos la palabra fruto, seguramente es en un árbol lleno de manzanas o alguna fruta de tu preferencia. En la biblia se nos enseña mucho acerca del fruto, de cómo dar fruto, de cómo ser fruto, cómo producir fruto, cómo dar gracias por los frutos, de por qué no damos frutos, qué son los frutos y muchas cosas más.

Si vamos puntualmente a Jeremías 17:7-8 (TLA) “¡Pero benditos sean aquellos que sólo confían en mí! Son como árboles plantados a la orilla de un río: extienden sus raíces hacia la corriente, el calor no les causa ningún daño, sus hojas siempre están verdes y todo el año dan fruto.”

A quién no le gustaría ser de esos árboles que dan fruto todo el año, si leemos un poco más detenidamente este versículo, encontramos que hay varias instrucciones y debemos cumplir ciertos requisitos para poder dar frutos todo el año:

“…sólo confían en mí…”: confiar solo en el Creador, en su mano poderosa, en obediencia y rectitud, poner mi mirada en Dios, alinear mis objetivos con los de Él, caminar de la mano y cumplir su palabra.

“…árboles plantados a la orilla…”: un árbol plantado a la orilla del río no nació por casualidad en ese lugar, alguien intervino en ese proceso. Eso nos habla de estar cerca de Dios, Él es nuestra corriente, nuestra fuente de agua, nuestra salvación y es lo que nos lleva a lo siguiente:

“…extienden sus raíces hacia la corriente,…”: si estamos cerca del Señor nuestras raíces se extienden hacia su plenitud, su bendición, su poder, su gracia, su amor, su ayuda, significa estar cerca de Él.  Ser ese árbol plantado cerca de la corriente es mantenerse cerca, en comunión, constante oración y relación con Dios.

Como seres humanos calificamos como fruto todo aquello material que podemos lograr, un buen salario, una cuenta de banco abultada, un buen vehículo, una casa grande, etc.

Pero alguna vez te has puesto a pensar en el tipo de fruto no material, como: una relación con Dios más estable, que es el fruto de pasar más tiempo dentro de su presencia, un espíritu más fuerte y seguro que es fruto de la constante oración, una oración más constante, un corazón más ardiente del amor de Dios, una sed insaciable por aprender más de su palabra, una adoración más profunda, una obediencia totalmente genuina y sin reproche. Empiezas a experimentar y a ser testigo del poder de Dios en tu vida, no solo terrenal sino también en tu vida espiritual diariamente.

Es ahí cuando te das cuenta de que, así como el agricultor recoge los frutos y empieza a llenar su canasta de todo lo que cultivó por meses, empieza a ver cómo todo verdece, madura y está listo para cortarse de esas ramas. Igual es con nuestra vida al dar frutos, ves cómo las oraciones inician a contestarse, empiezas a ver cómo ese trabajo que tanto querías está a una entrevista, ese negocio que se miraba imposible está a un estrechón de manos de lograrse, esa enfermedad desapareció, ese reto que parecía imposible se logró. Ves cómo Dios empieza a mostrarte todos esos frutos que, por días, meses, años cultivaste.

Tu canasta empieza a llenarse de tanto, empiezas a tener la bendición de esa que es hasta que sobreabunde y en ese momento es cuando te das cuenta de que ya tu canasta está completamente llena y no cabe nada más, pero el fruto sigue entrando y tu canasta sigue tan llena que algunos frutos empiezan a caer al suelo.

Y es ahí donde no debes olvidarte darle lo que a Dios pertenece, porque es gracias a su bendición que tu canasta de fruto está llena hasta sobreabundar. Tampoco se te olvide compartir con tu hermano más cercano, la bendición sobreabundante no es para que sea acumulada y acumules tanto que tu fruto pueda podrirse o el devorador de Malaquías 3:11 te lo pueda arrebatar. La bendición debe ser compartida con los que necesitan de esa bendición, para que también ellos sean testigos del poder de Dios cuando da fruto sobreabundante.

Ora, bendice, ama, fructifica el trabajo de tus manos, pacta con Dios para tener más fruto y comparte de tu bendición con tu hermano, no acumules, porque si acumulas, los frutos maduros que caen al suelo, se pudren.

Author

Steeven Medina

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA ImageChange Image