Hoy te compartiré como Dios revirtió un desierto emocional del cual creía que no tenía alivio, hace tres años mi papá falleció de cáncer; en esa ocasión no supe cómo manejar el duelo de la persona que formaba una parte muy importante en mi vida, cada vez que trataba de asimilar su ausencia sentía como mi corazón se destrozaba como cuando dejas caer una copa de vidrio al suelo, sufrí muchos ataques de ansiedad y depresión. En ese tiempo yo le agradecía a Dios por mi trabajo, por cuidarme, por cada bendición que me daba constantemente, pero a la vez yo lo limitaba con mis emociones, en mis propias fuerzas tenía la idea que me encargaría de sanar solo. No fue así; jamás culpé a Dios por mi sentir, pero si pensaba que la vida había sido injusta conmigo, pasé por tanta inestabilidad emocional que no pude controlar, mi vacío era tan grande que viví en conflicto con todo el mundo y sus habitantes; quería estar solo e inconscientemente mis palabras iniciaron a lastimar a las personas más cercanas a mí. Me cansé de caminar sin rumbo que tuve la necesidad de buscar consejería pastoral, en esa ocasión Dios uso al Pastor Gustavo Marroquín para orar e interceder por mi situación, mientras oraba por mi sentí como Dios revertía el dolor en alivio, la ansiedad en libertad, los conflictos internos en gozo y la tristeza en alegría.
Al sol de hoy te puedo decir que recuerdo los momentos alegres que compartí con mi papá sin que la tristeza me invada y tengo la satisfacción que en sus últimos días de vida lo pude honrar como lo indica Éxodo 20:12
El enemigo es especialista en crear evidencias para condenarte, juega con tu mente y te recuerda tu mal comportamiento, hasta conseguir que tu culpa te haga sentir que has deshonrado a Dios e inicies alejarte de su presencia; su condena es saber que todas tus sentencias son absueltas por medio de Jesucristo, por lo que trabajara incansablemente hasta dejarte vacío, doblegado, sin rumbo y sin esperanza.
Dios revirtió toda sentencia condenatoria en libertar y lo deja muy claro en Apocalipsis 21:4 “En Cristo no solo tienes esperanza para esta vida, sino que, gracias a su muerte y resurrección, tienes la esperanza de la vida eterna. Alégrate, pues vivirás por la eternidad al lado de Jesús, sin enfermedad, sin lágrimas y sin dolor”
Para Jesús tú tienes un valor incalculable, confía en sus promesas a través de su palabra, Él es tu propia medicina, permítele sanarte porque toda carencia en tu corazón la revertirá en Gozo, Libertad y Alegría