La amargura es una forma de depresión donde la persona se enfoca negativamente al mundo exterior, con la idea que ha sido tratada injustamente, utilizando como mecanismo de defensa las palabras fuertes, las malas actitudes y una reacción bélica que arrasa con todo. Al momento de ser confrontados justifican su mal actuar responsabilizando a terceras personas de sus propios errores evadiendo toda responsabilidad. Dios quiere que con la misma valentía que se muestra para hacer daño, se reconozca un error y se enmiende las heridas o daños colaterales de una mala reacción consciente o inconsciente.
La vida es una batalla como tal y Dios nos dio la victoria en Cristo. El enemigo es el príncipe de la contienda y trabaja 24/7 para alimentarte de amargura, falta de perdón y orgullo, otorgándote en las manos un lanza llamas, para que, con tus emociones negativas, menosprecies y destruyas los corazones de los que te ayudan y te aman. Un espíritu amargado impide que la persona entienda los verdaderos propósitos de Dios, un espírito amargo contamina a otros con pensamientos llenos de arrogancia.
‘’Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.’’ (Efesios 4:31-32 NVI)
‘’No dejen que nadie se aleje del amor de Dios. Tampoco permitan que nadie cause problemas en el grupo, porque eso les haría daño; ¡sería como una planta amarga, que los envenenaría!’’ (Hebreos 12:15 TLA)
Hay amargura que muchas veces se normaliza dentro de nuestro ser y ahí es donde Dios te dice suelta lo que no te permite avanzar. Hay amargura que se manifiesta al no cerrar el ciclo de una persona que en el pasado rompió tu corazón, cuando no renuncias a un trabajo que roba tu paz, por asuntos inconclusos que formaron un carácter temible. Si la vida te golpeó, déjame decirte que Dios no quiere verte infeliz, atormentado con el peso de tu pasado; Dios quiere quitarte la hoja que con frustración saturaste con garabatos, para entregarte una hoja limpia y escribas una nueva historia.
Un pequeño acto de bondad cambiará años de diferencias con los demás, el perdonar a otros aliviará tu alma. Si le encomiendas el control total de tu vida a Cristo, todo tu entorno será distinto, el soltar toda contienda es darle muerte a tu ser carnal y como resultado de entregar tu amargura a Cristo, alcanzarás a ser saciado por el Espíritu Santo con la dulzura de su amor, plenitud, paz y gozo.