“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28)
Un versículo muy lindo y fácil de decir cuando todo va bien, cuando no hay ningún problema. Pero ¿qué ocurre cuando las cosas comienzan a salir mal? Cuando te dan un diagnóstico de una enfermedad o condición, cuando te quedas sin empleo, cuando ese negocio tan importante se viene abajo, o, cuando una relación termina.
Somos hijos de Dios, de eso no hay duda, pero vivimos en este mundo y Juan 16:33 RVR 1960 lo dice muy claro: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” No significa que, porque somos sus hijos, todo siempre será perfecto. Habrá problemas y situaciones difíciles que nos harán dudar y desfallecer. Probablemente a ti ya te ha pasado. Te haces muchas preguntas, entre ellas, la típica “¿por qué a mí?”, te sientes solo y piensas que no vas a poder. Te cuestionas qué fue lo que hiciste mal. Piensas que seguramente Dios te ha abandonado, y más que sentirte molesto, te sientes dolido, porque crees que no eras tan fuerte o lo suficientemente capaz para salir adelante.
Tu fe comienza a flaquear, el temor y la angustia invaden tu corazón. No sabes qué es lo que pasará.
Déjame decirte que cuando esto ocurre, es cuando Dios está trabajando en silencio, nos forma, nos orienta y lo mejor de todo, es cuando más cerca está de nosotros. Nos abraza y nos dice que todo va estar bien, que Su amor es tan grande y que Él tiene el cuidado de nosotros. Qué Él no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para arrepentirse, que Él es un Dios de pactos y cumple sus promesas, y que sus planes son de bien y no de mal. Y aquí es cuando viene la parte más linda de Juan 16:33: “… En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, Yo he vencido al mundo.”
Dios jamás nos va a abandonar, ni a darnos una carga que no podamos llevar. De estas situaciones es de las que salimos más fuertes, y victoriosos, y son las que nos acercan nuevamente a Él.
Dios nos ama y como el padre amoroso que es, quiere lo mejor para nosotros. Sé que no siempre será fácil, pero como sus hijos, tenemos ese respaldo, apoyo y sobretodo ese amor.
Así que ánimo, no estás solo(a), Dios está contigo.
Maury Arrecis
noviembre 18, 2020Felicitaciones por este artículo Karlita, según lo sentí fuiste inspirada por el Espíritu Santo.
Esto fue un bálsamo a mi alma y corazón, ya que es precisamente en el proceso por el cual estoy pasando.
Y todas y cada una de las cosas que mencionaste, hizo rema en mí.
Gracias por dejarte usar y gracias por transmitir este mensaje.
Bendiciones
Lilian de Morales
noviembre 19, 2020Así es Karlita, nunca nos abandonará, aunque no lo veamos al principio del dolor, más adelante nos fortalecerá. Un gran abrazo ❤❤❤