Si buscamos la definición de gozo, encontramos entre muchas variables que se refiere a la alegría que sentimos cuando obtenemos algo que nos complace, al recordar algo que nos apetece. Es el disfrutar plenamente una situación, una comida o una acción que nos genera felicidad. El gozo en el Señor es una profunda alegría espiritual, proveniente del Espíritu Santo, al adorar al Señor no importando las circunstancias externas.
Cuando venimos a este mundo, traemos un alma limpia y feliz, un lienzo en blanco listo para aplicarle armonía en colores, es decir, nuestro espíritu viene lleno del gozo en el Señor. Pero a lo largo de nuestras vivencias, esa felicidad genuina se torna de muchos tonos y provoca que en nuestro deseo de volver a ser felices, busquemos el gozo en muchas fuentes equivocadas, adormeciéndonos cualquier tipo de tristeza con una felicidad disfrazada. Pero ésta será temporal al no venir de Dios, si desde un inicio no nos rendimos ante El y en su defecto, escogemos tener una identidad basada en lo que ofrece el mundo. Indudablemente los miedos, insatisfacciones y emociones negativas van a surgir cuando una situación no salga como esperamos, o cuando una persona en la que pusimos nuestra esperanza nos defraude.
“¡Miren! Dios el Padre nos ama tanto que la gente nos llama hijos de Dios, y la verdad es que lo somos. Por eso los pecadores de este mundo no nos conocen, porque tampoco han conocido a Dios.” (1 Juan 3:1 TLA)
Debemos entender que Dios es amor y en amor nos ha hecho para que vengamos a este mundo a adorarle y a ponerlo como prioridad en nuestras vidas. Sin embargo, aprendemos de manera equivocada a tener emociones que no se basan en ese amor. El verdadero amor no es una emoción que cambia conforme a las personas a quienes hemos endosado nuestra felicidad. A muchos nos toca aprender el camino de regreso al Señor y reprogramar nuestro espíritu cuando hemos sido llevados por impulsos equivocados. Nos acostumbramos a vivir en la penumbra de emociones destructivas como la depresión, ansiedad y las hacemos parte de nosotros a tal punto que físicamente nos encorvan atenuando el brillo de la mirada y hasta nos da miedo sentir plenitud porque sabemos que ésta no durará.
“Yo, Pedro, que soy enviado de Jesucristo a anunciar su mensaje, saludo a todos los cristianos que viven como extranjeros en las regiones de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia. De acuerdo con su plan, Dios el Padre decidió elegirlos a ustedes, para que fueran su pueblo. Y por medio del Espíritu Santo y de la muerte de Jesucristo, Dios los ha limpiado de todo pecado, para que lo obedezcan. Deseo que Dios los ame mucho y les permita vivir en paz.“ (1 Pedro 1:1-2 TLA)
Es por ello que debemos entregarnos por fe y de esa manera todo lo que recibimos de El viene con un amor perdurable. Cuando dejamos que la presencia del Espíritu Santo se manifieste en nuestras vidas sentimos alegría en su presencia. Debemos tener claro que, al entregarnos por fe a Dios pidiéndole misericordia, debemos ser pacientes en la espera de su gracia, aunque la angustia e impaciencia nos invada, debemos vivir alegres alabándolo y adorándolo porque somos salvos en Cristo y confiamos plenamente en el amor de quien se entregó por amor, para que tengamos una vida eterna plena junto al Padre.
“Aunque no den higos las higueras, ni den uvas las viñas ni aceitunas los olivos; aunque no haya en nuestros campos nada que cosechar; aunque no tengamos vacas ni ovejas, siempre te alabaré con alegría porque tú eres mi salvador.” (Habacuc 3:17-18 TLA)
“Habitantes de toda la tierra, griten con todas sus fuerzas: ¡Viva Dios! ¡Adórenlo con alegría!¡Vengan a su templo lanzando gritos de felicidad! Reconozcan que él es Dios; él nos hizo, y somos suyos. Nosotros somos su pueblo: ¡él es nuestro pastor, y nosotros somos su rebaño!” (Salmos 100: 1-3 TLA)
Por lo tanto, al entregarnos dejemos sentir el abrazo consolador de Jesús y seremos almas renovadas adorándolo con regocijo. De esa manera también nos vamos a amar unos a otros, haciendo nuestro caminar por este mundo un paso muy agradable a la manera de Jesús, antes del llamado al Señor, mientras tanto lo adoramos con gozo hoy para disfrutar de su promesa después.
“Mientras esperan al Señor, muéstrense alegres; cuando sufran por el Señor, muéstrense pacientes; cuando oren al Señor, muéstrense constantes.” (Romanos 12:12 TLA)
“Cuídame, Dios mío, porque en ti busco protección. Yo te he dicho: «Tú eres mi Dios; todo lo bueno que tengo, lo he recibido de ti. Sin ti, no tengo nada». La gente de mi pueblo, que sólo a ti te adora, me hace sentir feliz. Pero quienes adoran ídolos sufrirán en gran manera. ¡Jamás rendiré culto a los ídolos! ¡Jamás les presentaré ofrendas! Tú eres mi Dios, eres todo lo que tengo; tú llenas mi vida y me das seguridad. Gracias a ti, la herencia que me tocó es una tierra muy bella. Yo te bendigo por los consejos que me das; tus enseñanzas me guían en las noches más oscuras. Yo siempre te tengo presente; si tú estás a mi lado, nada me hará caer. Por eso estoy muy contento, por eso me siento feliz, por eso vivo confiado. ¡Tú no me dejarás morir ni me abandonarás en el sepulcro, pues soy tu fiel servidor! Tú me enseñaste a vivir como a ti te gusta. ¡En tu presencia soy muy feliz! ¡A tu lado soy siempre dichoso!” (Salmos 16:1-11 TLA)
Yorleni
agosto 26, 2021Lindo artículo, nos hace reflexionar sobre el amor de Dios en nuestras vidas y la importancia de reconocerlo
Ana
agosto 26, 2021El cambio que hace Dios en nuestra vida es tan evidente, porque la luz viene de dentro hacia afuera. Hermoso artículo!