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No pensé que tuviera un temor al compromiso, pero durante uno de los procesos que he vivido con Dios, al ver mi comportamiento en retrospectiva, pude darme cuenta que, de hecho, sí lo tenía en diferentes aspectos de mi vida.  Dios en su misericordia, me mostró tanto el problema, como el camino para sanar.

En la parte sentimental, a pesar de ser una persona leal y fiel, no me gustaban las etiquetas, títulos, ni que invadieran mi espacio y mi tiempo, así que era yo quien creía marcar el ritmo de la relación. Por supuesto, nada fructífero resultó de ese tipo de relación.  En la parte espiritual, era algo similar, yo decidía hasta dónde quería involucrarme con Dios y en la iglesia.  Según mi forma de pensar, me gustaba tener el control, y tanto en lo sentimental, como en lo espiritual, yo decidía cómo manejar las situaciones.   Me criaron en la iglesia católica, pero siempre me negué a realizar el sacramento de la confirmación, según yo, porque no estaba de acuerdo con muchas cosas.  Luego, cuando empecé a asistir a una iglesia cristiana, me hablaron del bautizo, también me negué porque eso era demasiado para mí.  Luego de pasar diferentes procesos, haber sido intencional en crecer emocional y espiritualmente, haber estado soltera y estar enfocada en Dios, pensé que ya estaba lista para considerar tener una pareja.  Sin embargo, un día orando por este tema, sentí en mi corazón esta pregunta: “¿Cómo te puedes comprometer con un hombre, si ni siquiera te puedes comprometer en una relación conmigo? Ese paso será una preparación para tu futuro.”  Supe que Dios me hablaba del bautizo y en ese momento, pude ser sensata para reconocer que sí tenía un temor irracional que tenía que vencer. 

También, ya había aprendido que una vez sigues a Dios, lo primero que sueltas es el control, porque no se trata de mi voluntad, sino de SU voluntad. Así que, ya no hacía sentido, poner más límites en mi relación con Dios. Después de un tiempo, con firme convicción, con un poco de nerviosismo, me bauticé y sellé mi compromiso con Dios, y ha sido una de las experiencias más hermosas que he vivido con Él y me liberó del temor.

“En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios.” (1 Juan 4:18 NTV)

Hoy, puedo decir que Dios efectivamente me preparó para esta fase de mi vida, en la que también estoy comprometida sentimentalmente y próxima a casarme, libre de temor, y teniendo claro que, mi mayor compromiso es con Él. Dios tiene el absoluto poder para restaurar áreas de nuestras vidas, que creíamos perdidas, que pensamos que ya no valen la pena, o que ya pasó el tiempo.  Dios conoce nuestros más profundos anhelos, pero también nuestros más profundos temores, y si nosotros lo permitimos, puede llevarnos de la mano para liberarnos.  Sin embargo, esto requiere escuchar y obedecer las instrucciones, porque no es a nuestra manera, es a SU manera. 

“Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos —afirma el Señor—.
Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra!” (Isaías 55:8-9 NVI)

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Hania Krück

Comment (1)

  1. Manuel Pinot
    abril 21, 2022

    Que bendecido tu artículo, Gloria a Dios por cierto también me comprometí y al parecer nos casamos con un día de diferencia.

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