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“…Les aseguro que para entrar en el Reino de Dios, ustedes tienen que cambiar su manera de vivir y ser como niños.” (Mateo 18:3 TLA)

Ante las diferentes situaciones y retos de la vida, muchas veces nos sentimos incapaces de poder salir adelante. Nuestra incapacidad no necesariamente tiene que ser física, la mayoría de las veces es mental. 

Nuestro espíritu humano ha sido dotado por Dios de un elemento muy importante llamado fe.  Algo que no podemos ver ni tocar, pero en nuestro corazón sabemos que por medio de la fe podemos vivir una vida sin límites. ¿No me crees? Permíteme compartirte una experiencia. ¿Qué podemos aprender de un niño de 2 años? Cada vez que comparto con David André, mi nieto, aprendo tanto de la fe y la confianza ilimitada y viene a mi mente el pasaje en Mateo 18:3:  «…Les aseguro que para entrar en el Reino de Dios, ustedes tienen que cambiar su manera de vivir y ser como niños.».  El disfruta cada momento y se maravilla aun por las cosas más sencillas: «Qué bonito este día» lo escucho decir con frecuencia. Tiene una fe sin cuestionamiento y una confianza tal, que no duda si sus papás tienen o no, él pide con la certeza de que va a recibir.

Algunas veces se frustra porque algo no resulta como él esperaba, veo su frustración; pero en segundos dice: «lo voy a volver a intentar». ¡Cuántas lecciones aprendo de un niño de tan solo 2 años!

¿Te frustras porque las cosas no salieron como esperabas? La frustración es una reacción normal que experimentamos cuando no satisfacemos nuestras expectativas. La decepción, la impotencia, la ira, son emociones que alteran nuestro estado de ánimo de manera negativa. La frustración puede ser también un medio de aprendizaje, si así lo decidimos, porque las dificultades forman parte de nuestra vida. Así que la próxima vez que experimentes frustración, solo relájate, pon la mirada en las cosas sencillas como el amanecer o el atardecer, la luz del sol o de las estrellas, el azul del cielo o las nubes grises, el viento, la naturaleza…pon la mirada en Su creación.  Si es posible, busca un espejo y observa la creación más perfecta hecha por Dios y háblale a tu niño…a tu niña…invítala a sonreír, a crear, a creer sin límites y a confiar que aun en medio de la dificultad podemos ser felices. Si llegaste hasta acá te invito a sonreír, a ver a tu alrededor; agradece por todos Sus regalos y por tu niña o niño interior que te dice: «Vamos, sonríe…vivamos una vida sin límites….vive el Reino de Dios aquí y ahora». 

Author

Silvia Montúfar

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