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Este año debemos comenzar con una actitud y mentalidad totalmente diferente y positiva, lo que significa que como personas y cristianos (as), nuestros pensamientos deben de ser con una mentalidad de Cristo y asumir una actitud como la que Jesucristo tuvo y nos dejó en sus enseñanzas y que en nuestros tiempos yo particularmente la identifico y entiendo como inteligencia emocional de Cristo, es decir, equilibrada, asertiva, empática, objetiva, centrada y resiliente.

A veces podemos estar disfrutando de una vida plena y exitosa, pero que en un momento dado y sin esperar, se puede empañar nuestra alegría por un temor difuso, que nos puede embargar en una profunda tristeza, que puede desgastarnos, aislarnos y apagarnos la vida. A veces nos va bien y otras nos va mal, pero los que hemos conocido a Dios sabemos que todas las cosas malas ayuda a bien a los que amamos y creemos a Dios.

Romanos 8:28 (VRV 1960): Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Por eso me refería a la Inteligencia Emocional de Cristo y en el aspecto de aplicar la resiliencia para poder ir resurgiendo de las adversidades, debilidades y dificultades, así alcanzar una posición más fuerte y estable en nuestras vidas que nos permita trascender a cambios mejores y seguir avanzando.

Pero, ten en cuenta esto, muchas veces no podemos superar nuestras dificultades, adversidades o pérdidas con nuestras propias fuerzas, necesitamos de la intervención divina siempre en nuestras vidas para recibir esa guía y dirección del Espíritu Santo.

Romanos 8: 26 (VRV 1960): Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

A veces no nos alcanzan las palabras para expresarnos y muchas veces, no sabemos que es lo que queremos o simplemente no sabemos pedir.

Es ahí, que cuando, clamo al Espíritu Santo, él viene en ayuda a través de nuestra debilidad para acercarse a nuestras vidas y darnos la oportunidad de recibir agua viva, paz, consuelo, amor, esperanza y libertad.

Pidamos de manera sencilla y humilde: “Muéstrame el camino que debo de seguir, porque en tus manos he puesto mi vida y mi confianza”.

Salmos 143: 8 (VRV 1960): Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma.

Si comienzo este nuevo año pidiendo que sea el Espíritu Santo mi guía y clamando a Dios únicamente a su misericordia en mi vida, estaré aceptando la voluntad de Dios, su lugar en mi vida, mi posición como hijo, dando el total control de mi vida a él.

“La hermosura e identidad de Jesús, nos es más que la obra del Espíritu Santo y por lo tanto lo que conocemos y reconocemos de Jesucristo, puede suceder en nuestras vidas si nos dejamos iluminar, guiar y transformar por el Espíritu Santo”

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